Página de Enrique Cervera

PRESENTACION

 

En esta página que está abierta a cualquier sugerencia  o colaboración , se desea recoger y aportar casi con exclusividad, datos genealógicos obtenidos en diferentes  Archivos de Pontevedra, Archivo Histórico Provincial, Archivo de la Diputación Provincial y Museo de esta Capital, además de la inestimable herramienta que es Internet. Estos últimos años, se han recopilado cerca de cincuenta mil registros, la mayoría testamentos, para cuyo acceso es necesario registrarse y  que posiblemente puedan  interesar  a los seguidores del apasionante e intrincado mundo de la Genealogía. 

 Los testamentos, poderes, foros, ventas y demás contratos, parece que otorgan mayor fidelidad  genealógica, que el traslado de una a otra publicación, cuando esta se obtiene, de relatos fantásticos o históricos que por definición, todo lo engrandece y deforman.

Quien comienza a interesarse por esta materia, descubre  casi de inmediato que hasta el año 1870,  la asignación y orden de los apellidos no sigue ningún criterio comparable con el que hoy nos rige.  La certeza de nuestros ancestros, de pertenencia a un linaje concreto, está casi siempre en las escrituras notariales.

 La Ley de Registro Civil de 17 de junio de 1870, en su artículo 48, establece que todos los españoles deberíamos ser inscritos con nuestro nombre y los apellidos paterno y materno por ese orden. Esta fórmula-de raíz muy española- se ratificó jurídicamente con la nueva redacción de la Ley de Registro Civil de 8 de Junio de 1957.  A partir de este momento se facilitan ostensiblemente nuestras pesquisas pues nuestros ancestros, han de llevar ordenadamente el apellido paterno y materno

Con anterioridad a la citada Ley existe un amplio recorrido en la evolución de los apellidos, que nacen como la necesidad de distinción entre unos y otros en torno a una sociedad que empieza a expandirse. Sé desea ser conocido y reconocido, por orgullo o pura necesidad social. No siempre dependía de como una persona se llamaba a sí misma, sino de cómo la llamaban o reconocía la sociedad. Dejando atrás fórmulas Romanas, Germánicas y otras varias influencias, era el apellido usado en la antigüedad, para unir las huestes en un lugar determinado, llamar a las mesnadas, y estas, agruparse bajo algún estandarte en que figurarían los signos heráldicos identificativos.

Los apellidos españoles, como los de otros países europeos, comenzaron a ser utilizados a partir de los siglos XI y XII, siendo a mediados del s. XII cuando se empiezan a nominar los grandes señores de Castilla y León, firmando documentos en que siguiendo a su nombre, el patronímico y el nombre del lugar cuyo gobierno ejercen. Surgen los nombres de  linajes que se va implantando en la alta sociedad medieval en la segunda mitad del siglo XIII. El crecimiento de la vanidad nobiliaria en los siglos XVI y XVII, fueron causa de una mayor uniformidad de los linajes.

El caos existente en España durante la Edad Media, ha puesto a prueba la paciencia de los historiadores y genealogistas. Resultaba enormemente dificultoso identificar debidamente a los protagonistas de una determinada historia y establecer su genealogía con veracidad. Esta anarquía se extendió a familias de rancia abolengo y demás estratos sociales incluidos los conversos. Recordemos los innumerables pleitos en que se aportaban variedad de testigos que decían conocer, que conocían su nombre y que subrayaban repetidamente su legitimidad por derivar de sus padres y estos de los suyos con igual legitimidad. Los innumerables litigios por posesiones de tierras y obtención de Hidalguía, son una buena fuente genealógica.

 

 

 

 

 

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